Energía
Transición energética justa

Transitar a otras concepciones de la energía: el caso del Resguardo Pijao Ilarquito de Tolima

En 2021, el Resguardo Indígena Pijao Ilarquito desarrolló una manera alternativa de generar energía para solucionar dos necesidades puntuales de la comunidad. Este caso ubicado en Tolima, departamento de la zona andina colombiana, ilustra la necesidad de entender la energía de una manera integral y el riesgo de la cooptación corporativa de la transición energética impulsada por el Gobierno.

*Juan Alejandro Echeverri Airas / @j_alejo16

El elemento más abundante en el planeta, es el más escaso en el Resguardo indígena Pijao Ilarquito en Tolima (Colombia).

El agua cubre el 70% de la superficie total de la Tierra; tan obvia es su abundancia en ciertos lugares que resulta inútil medir la cantidad exacta de líquido disponible. Entre agosto y octubre de 2024, en las resecas praderas del sur del departamento de Tolima, en la zona andina colombiana, las canillas abiertas apenas goteaban.

Allí saben el agua que les falta y, sobre todo, la cantidad exacta de la que disponen: la empacada en unas cuantas bolsas plásticas que se enfrían en el congelador de la caseta comunal, el balde que haya podido llenar alguno después de caminar más de una hora, la que queda en un lago que se niega a morir de sed.

"Tenemos un acueducto, pero en estos tiempos no llega hasta acá", se lamenta William Payanene, gobernador del Resguardo. El agua nunca fue abundante, pero años atrás, incluso en sequía, "llegaba un día o dos y se iba, pero al menos llenaba la alberca [piscina artesanal]. Ahorita no, la alberca se está rajando porque no hay nada. Cuando no estaba el acueducto, había aljibes, ahora hasta los aljibes se secan", complementa.

Para muchos, el colapso ambiental parece una advertencia. Para comunidades como la de Pijao Ilarquito, más dependientes del temperamento climático, ya es una realidad. Aun estando secos, en el Resguardo ninguna persona denigró del sol. Sin él tampoco funciona el proyecto de energía alternativa que los ha convertido en referentes globales.

 Pijao Ilarquito es uno de los 91 Resguardos Indígenas que existen en el departamento de Tolima. Crédito: David Alejandro Pérez

Tránsitos integrales

Ante la ley, Ilarquito es joven, ya que fue constituido en el año 2000. En Colombia esta figura goza de legalidad y condiciones políticas especiales para que las comunidades indígenas decidan sobre determinado territorio, según sus sistemas culturales propios.

 Doña Ana María, más conocida como doña Anita, es una de las pocas fundadoras de la comunidad que permanece viva. Crédito: David Alejandro Pérez

Payanene recuerda que al tomar posesión del predio "no había lagos. No había divisiones. No había nada".

El Resguardo abarca 108.086 hectáreas del Coyaima, municipio localizado al sur del Tolima, departamento que hace las veces de bisagra andina entre el centro y el sur de Colombia. Según un mapa elaborado por la comunidad, al 15,1% de la tierra le dan un uso agrícola, el otro 84% está destinado a la ganadería y el 0,8% restante lo ocupan las diferentes infraestructuras.

Una de las primeras fotos del Resguardo, conservada por la comunidad con orgullo, da fe de un par de árboles en unos pastizales de tono marrón. Hoy, pese a la sequía, en los patios de las casas bailan al vaivén de la brisa algunos cultivos, el ganado merodea en busca de pasto y arbustos de diferentes tamaños interrumpen la monotonía de un valle seco y enjaulado entre imponentes vértebras montañosas.

"Han venido personas de muchas partes: Alemania, Estados Unidos, Canadá, Suiza, Francia, Brasil, pero no le hemos podido mostrar al mundo en pleno porque no hay vía", asegura el gobernador, quien agrega que la carretera no solo es un problema porque en época de invierno quedan aislados, sino que, llueva o haga sol, no pueden comercializar las cosechas de limón, mango y hojas de cachaco.

Aunque la carretera no esté pavimentada, eso no impidió la llegada de la Corporación Grupo Semillas, una organización no gubernamental conformada en 1994, que actualmente acompaña a más de 30 organizaciones indígenas, afrodescendientes y campesinas del país.

Con el apoyo financiero, técnico y operativo de otras empresas colombianas y extranjeras, Semillas instaló en Ilarquito cinco paneles solares, dos controladores, una bomba solar, un voltímetro, alambre galvanizado y mangueras, entre otros dispositivos necesarios para que funcione un sistema fotovoltaico.

La caja de control del sistema está localizada en una de las piezas de la Caseta Comunal. Antes de instalar los paneles, Pijao Ilarquito hacía parte de más de la mitad del territorio colombiano que está por fuera de la red nacional de energía. Crédito: David Alejandro Pérez

Cuatro paneles permitieron usar la luz solar para instalar aproximadamente 10.000 metros de cerca eléctrica y así evitar que el ganado siguiera comiéndose los cultivos de pancoger o traspasara los límites del Resguardo. Con la bomba solar, las mangueras y el panel restante pudieron llevar el agua del lago hasta un tanque, y garantizar la irrigación a cultivos y casas en tiempos de verano.

"La iniciativa nos llamó mucho la atención porque acá el servicio de energía es pésimo. Estamos reduciendo costos y contribuyendo con el medio ambiente", manifiesta Eliza Fernanda Liz Prieto, quien es la tesorera del Resguardo y fue gobernadora cuando inició el proyecto.

"Al ver que esto avanza, la gente también quiere volver al territorio, o prefiere no irse. Las mujeres se vuelven más seguras, participativas", plantea Jazmín Lorena Mora Pérez, integrante de Semillas.

 Las mujeres han jugado un papel clave en la transformación energética del Resguardo. Sandra Liliana Tacumá, quien era la tesorera cuando empezó el proceso con la organización Semillas. Crédito: David Alejandro Pérez

En el sur del Tolima, esta ONG también impulsó proyectos piloto de energía fotovoltaica comunitaria en los Resguardos Indígenas de Tamirco y Palma Alta: a la organización no le basta con instalar paneles, le importa, sobre todo, dejar capacidades instaladas en las comunidades.

Durante dos años y medio formaron a algunas personas de las tres comunidades, de las cuales diez se graduaron como gestores comunitarios. Son ellos quienes tienen el conocimiento técnico y la responsabilidad de analizar y reparar algún daño del sistema.

En Pijao Ilarquito, el sistema fotovoltaico empezó a funcionar en el año 2021, sin embargo, el legado de Semillas empezó antes. En 2014 realizaron en el Resguardo una sesión de su Escuela Agroecológica y Territorial Manuel Quintín Lame. Esa experiencia les sirvió para mejorar sus huertos tradicionales y fortalecer su soberanía alimentaria y optimizar la captación, el manejo y gobernanza del agua.

En 2017, gracias al apoyo y la gestión de Semillas, en 7.430 hectáreas se sembraron 12.300 árboles forestales. Pese al verano, decidieron ensayar un sistema de ganadería silvopastoril que logra integrar bosque, forrajes y reses y evita la erosión del suelo, aumenta la producción bovina y reduce la emisión de metano del ganado.

Pijao Ilarquito terminó convertido en el reflejo de la perspectiva integral con la que Semillas intenta solventar las necesidades organizativas, productivas, económicas y vitales de los territorios.

 Al fondo, el lago del cual toman el agua para la irrigación de cultivos y casas en épocas de veranoCrédito: David Alejandro Pérez

En 2016, la organización, de la mano de la Cooperativa Multiactiva Coosaviunidos, gestó un fondo rotario con el que ha financiado 140 créditos para proyectos comunitarios que tengan sintonía con alguna de sus cuatro líneas: la agrícola; la pecuaria; la de transformación; y la de educación y tecnología.

Nubia Carmenza Vargas, representante legal de Coosaviunidos y promotora del área de economía social y solidaria de Semillas, asegura que "todos los proyectos van ligados a unidades productivas para que puedan retornar el capital al fondo".

Transición no es cambiar de tecnología

El 11 de octubre de 2024, el Ministerio de Minas y Energía anunció que ya funcionaban en Colombia 100 comunidades energéticas.

Las comunidades energéticas son el pilar de la transición energética que quiere implementar el gobierno del presidente Gustavo Petro para descarbonizar la economía, pese a que la matriz energética colombiana es bastante limpia si se tiene en cuenta que, según XM, la empresa que administra el mercado de energía en el país, a corte del 30 de junio de 2024, 63,7% de la energía fue producida con métodos hidráulicos, 30,2% con tecnologías térmicas, y el 6,1% restante provenía de fuentes solares.

Fernando Castrillón fue uno de los primeros integrantes de Semillas. Él plantea que su organización, y otras que integran la Mesa de Energías Comunitarias (MEC), trataron de acomodarse al corazón de lo que se pretende con las comunidades energéticas, pero finalmente se dieron cuenta de que el Gobierno hablaba un idioma distinto.

"Transición es que las personas puedan usar esa energía para transformar sus condiciones. El modelo de comunidades energéticas sigue anclado a una visión corporativista. Para nosotros el objetivo no es que las comunidades se conviertan en usuarios, sino que deben de gobernar el sistema energético en su propia comunidad", dice.

En el libro Energía social y transición energética en Colombia. De las prácticas sociales a la gobernanza energética, publicado en 2022 por Elizabeth Arboleda Guzmán, Laura Stefanee España Guzmán y Liliana Isabel Gómez Londoño, las investigadoras coinciden con la visión de organizaciones ambientales y sociales sobre la urgencia de una nueva relación con la energía.

Para ellas resulta clave la inclusión de los colombianos que han estado excluidos del recurso: "La transición energética radica en que las personas se amolden a las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, para luego cambiar sus hábitos relacionados con el consumo energético".

 Retrato de algunos integrantes de la comunidad, en total son 15 las familias que habitan el Resguardo Indígena Pijao IlarquitoCrédito: David Alejandro Pérez

Censat Agua Viva es otra de las organizaciones que hace parte de la MEC. Al igual que otras, esta ONG ambiental lleva varios años preguntándose para qué y para quién la energía. Fruto de esas meditaciones, las organizaciones acuñaron un término: las energías comunitarias.

Para visibilizar las experiencias ya existentes, no solo en Colombia sino en toda Latinoamérica, CENSAT abanderó en 2020 la primera exhibición virtual de experiencias comunitarias de transición energética justa. El caso de Pijao Ilarquito fue reconocido y premiado en 2023.

"La transición energética no es el cambio de matriz o de tecnologías. Tiene que ver también con un cambio en las maneras de producir, consumir y relacionarse con la naturaleza. Lo mismo con las tecnologías, que sean apropiadas, contextualizadas, y relacionadas con los saberes tradicionales. El caso de Ilarquito está relacionado con la justicia agraria y la justicia social", explica Eliana Carrillo, antropóloga del área de energía y justicia climática de CENSAT Agua Viva.

 Solo hasta el 2007, siete años después de su constitución como Resguardo, llegó el sistema eléctrico tradicional a la vereda donde se encuentra. Crédito: David Alejandro Pérez

El 3 de octubre de 2024, el sistema de bombeo en Pijao Ilarquito completó varias semanas dañado. Después de hacer la revisión, Alexander Bautista, el técnico de Semillas, dedujo que el problema debía estar en la bomba, pues el panel estaba surtiendo la cantidad de energía necesaria para que funcionara el controlador.

En su próxima visita, Alexander y los demás integrantes de Semillas esperan volver con la solución bajo el brazo. La comunidad tiene la pujanza para esperar unos días más, ya es costumbre pasar quince días o dos meses sin energía.

William Payanene, con su cadencia serena, deja claro el problema y la posible solución: "Pueden llenar el municipio de paneles solares, pero eso no va a beneficiar al municipio ni a las comunidades, porque esa energía es para venderla y que nos la revendan luego. Lo que queremos son energías comunitarias que sean de la comunidad".

*Esta historia fue producida en el marco del proyecto Narrar la TEJ, impulsado por las organizaciones de la Alianza Potencia Energética Latam


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